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viernes, 29 de abril de 2011

Con tal de que me salga mi casita, yo feliz

Por Vanessa Roca,
Oscar Fuentes estaba en casa el 27 de febrero del año pasado. Él y su familia fueron algunos de los muchos que corrieron para evacuar la ciudad de Lebu antes de que el tsunami lo alcanzara. Lebu es un municipio del sur de Chile que se encuentra a 145 km de Concepción, el epicentro del terremoto. Había días que Oscar pasaba una semana entera en el mar, pero por suerte, ese día dormía en su cama, junto a su mujer.
Después del tsunami de Lebu, algunos pudieron volver a sus casas. 4000 viviendas fueron afectadas y muchos tuvieron que buscarse la vida. Cientos de personas se encuentran, después de un año de la catástrofe, en campamentos de damnificados situados en los cerros de Lebu. Muchos se quedaron sin casa o estas sufrieron destrozos que las hacían inhabitables. Centenares de familias se acogen en esas casas a la espera de que pronto puedan volver a su hogar.
 
Conglomerados de casas de madera van organizándose por el cerro de Lebu formando pequeñas manzanas. Como si de barrios se tratase, se ven conjuntos que forman todo el tejido del campamento de damnificados. Niños corriendo por el campamento. Algunos calzados, otros descalzos. Lo curioso es que todos sonríen al mismo tiempo. Mujeres lavando la ropa fuera de las casas. Miradas curiosas y tímidas nos observan desde las ventanas.
Oscar Fuentes está fuera de casa con su hija en brazos al lado de su casita de madera anaranjada. “A todos nos entregaron el mismo modelo de casa, pero hay gente que la modificó o que la amplió. Nosotros somos 3 y la casa nos quedaba muy chiquita. De todas formas, hay gente que son 5 y no pueden ampliarla porque no tienen plata” narra Fuentes.
El tsunami no sólo terminó con las casas de los lebuenses. También terminó con el puerto de Lebu, con 200 embarcaciones de pesca, y, sobre todo, engulló el agua del río que atraviesa la ciudad. Oscar era uno de los que se beneficiaba de la actividad pesquera, era marinero. El 80% de sus habitantes viven, directa o indirectamente, del potencial económico de la pesca artesanal.
El Gobierno puso en funcionamiento un proyecto para ofrecer trabajo a los pescadores. Este trabajo estaba relacionado con la construcción y duró 7 meses, desde el terremoto hasta hace unos meses. “Yo por lo menos no quiero volver a trabajar en el mar porque es un trabajo muy sacrificado con el que ganas muy poco dinero” comenta Oscar.
Actualmente, los pescadores afectados están pudiendo vivir, pero con muchas dificultades. Samuel Fuentes, antiguo pescador y integrante de la unión de vecinos, afirma que los pescadores están teniendo que faenar por un río casi seco y con un puerto destruido. “Además las empresas trasnacionales que compran el pescado arman verdaderas redes para la compra del pescado que hace que el pescado llegue a venderse muy barato” explica el ex pescador.
Aparte de las ayudas del Gobierno los damnificados también recibieron otras ayudas de la comunidad chilena. Un Techo para Chile, fue una de las ONGs que más contribuyó. Hernán Sierra, presidente del comité del 27 de febrero, explica que trabajaron junto a ellos construyendo un jardín de niños, estuvieron con ellos y les trajeron juegos.
Pero, después de un año, todavía no se deslumbra un sistema de reconstrucción definitivo. Según Froilán Vera, comandante de los bomberos, el Gobierno ha ofrecido a los municipios afectados soluciones que en Lebu todavía no comienzan. Así pues, Lebu sigue siendo el municipio más pobre de Chile.
Esperamos ayudas para poder reconstruir las viviendas y construir el nuevo puerto pero el Gobierno central se ha calmado y no nos ofrece una solución. Hasta el momento, sólo tenemos acceso a ayudas locales” concluye Hector Jaramillo, presidente de la unión de vecinos. Las autoridades de Lebu estiman que no sé podrá volver a la normalidad pasados 2 o 3 años.
Oscar Fuentes en el campo de damnificados. Foto: Vanessa Roca Forné.
Oscar Fuentes en el campo de damnificados. Foto: V. Roca
Aún y todo, muchos de los vecinos damnificados, como Oscar, sonríen y sólo hacen algunas críticas constructivas al Gobierno. “La mayoría sólo queremos que construyan nuestras casas, ya nos costeamos nuestros gastos. Con tal que me salga mi casita, yo feliz” sentencia Oscar con brillo en los ojos.



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